Por mucho que cada vez sean más los que, tanto en nuestro país como en el resto de mercados a nivel mundial, estén apostando por dar el salto al coche eléctrico, este tipo de modelos siguen siendo minoritarios en nuestro país.
En este sentido, no es que sea casualidad que, siendo como es una tecnología tan novedosa y que cambia tanto respecto a la de los coches con motores de combustión, siguen siendo muchas las especificaciones de los coches eléctricos que se deben tener en cuenta, especialmente para los novatos.
Un buen ejemplo de ello es el hecho de que, por mucho que el frío afecta también a los coches de combustión, no es que sea ningún secreto que las bajas temperaturas son uno de los peores enemigos de los eléctricos.
Y es que es de sobras conocido que el componente que más sufre las bajas temperaturas es la batería, que no deja de ser además el componente clave de los coches eléctricos. Así, hay que tener muy en cuenta que, con unas temperaturas muy bajas, es más que probable que la autonomía de nuestro eléctrico se reduzca de forma notable, por lo que es muy importante estar siempre atento a cómo está el estado de la batería.
Otro lado, dos de los peligros importantes con un eléctrico en invierno, especialmente en carreteras nevadas o de difícil conducción, es el hecho de que sean modelos que aceleran de una forma mucho más rápida que los de combustión, por lo que es importante acelerar progresivamente para no acabar perdiendo tracción. Lo mismo ocurre con la frenada regenerativa que, si se produce de una forma muy agresiva, puede llegar a bloquear los frenos y que el coche patine.
A ello debe sumarse también el hecho de que, teniendo una configuración específica, los neumáticos de los coches eléctricos son más estrechos y, por lo tanto, pueden perder más fácilmente su agarre.