El Valencia CF ha rebasado la décima jornada de Liga absolutamente intratable. El equipo dirigido por Marcelino García Toral está rindiendo muy por encima de las expectativas existentes inicialmente y su paso firme y a velocidad de crucero le permite consolidarse en lo alto de la zona noble de la clasificación.
Sin paliativos, el Valencia CF de Marcelino ha protagonizado el mejor arranque en la historia casi centenaria del club. El asturiano ha conseguido, en poco tiempo, dotar al equipo de una identidad muy clara y un gran equilibrio que se caracteriza por la seguridad en defensa y una pegada letal de cara a la portería rival. El equipo tiene un gran equilibrio que se caracteriza por la seguridad en defensa y una pegada letal
Si bien Marcelino rebaja la euforia y se toma todo lo que está aconteciendo con naturalidad ya que "las notas son en mayo", como suele apostillar, no es menos cierto que el propio entrenador, antes del inicio oficial de la temporada, estableció un periodo de diez jornadas en la competición liguera para poder hablar de las aspiraciones reales del equipo y poder conocer, por tanto, el verdadero potencial del grupo. "Cuando llevemos diez o doce jornadas tendremos una idea más clara de lo que somos y de los que podemos ser", dijo Marcelino en pretemporada.
Pues bien, ha quedado claro que ese potencial es muy alto y que el techo de este equipo todavía no se ha alcanzado.
El valencianismo sueña con volver a escuchar el himno de la Champions en Mestalla. Finalizar la campaña entre los cuatro primeros clasificados es el gran reto de este equipo. Una carrera de fondo en la que el Valencia CF cuenta con una gran ventaja y es que al no participar en competición europea, los de Marcelino tienen un menor desgaste y pueden centrar todos sus esfuerzos en preparar a conciencia todos y cada uno de los partidos en Liga. Además, sin distracciones, el Valencia CF tiene disponibilidad y capacidad de apostar fuerte por la Copa del Rey, la cual debe servir para tener a todos sus jugadores enchufados y dar una alegría a una afición que considera el torneo del K.O como su campeonato fetiche.