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El derby, la enésima prueba del algodón

32 años siguiendo la información del Athletic.

Alfonso Castro, Onda Vasca

 
Cada vez que Athletic y Real se ven las caras crece, en distinta medida, un halo de expectación a ambas esquinas de la autopista que lo convierte en una cita de lo más especial. Resulta incuestionable que para los txuriurdin es el partido de la temporada. Así lo atestiguan con sus declaraciones. “El rival directo”, apostilla Iñigo Martínez, uno de sus dos jugadores nacidos en Bizkaia. Lo de los rojiblancos me queda igual de claro, aunque enfocado desde otra óptica, por mucho que sea el vecino quien está enfrente.
 
El horizonte competitivo abarca mucho más allá, amén de los siempre esperados envites ante Barça y Madrid. Una final copera y un duelo en las alturas europeas contra dos fueras de serie del olimpo futbolístico quedan en lontananza. Se percibe en el ambiente que lo que la gente busca este domingo es la consecución de tres puntos sin tener en especial consideración la identidad del rival. Tres puntos, eso sí, de capital importancia si lo que se pretende es alcanzar la zona Champions, algo que no parece descabellado si se aprovechan las muchas virtudes de la muchachada de 'El Loco', y si teóricos rivales como el Valencia -que ha de pasar en breve por La Catedral- continúan dando opciones.
Así las cosas, vas por la calle y, Asamblea y reforma de estatutos al margen, lo que ocupa y preocupa es ese sainete -así lo denomino porque no encuentro otra palabra más apropiada- de la designación del escenario que albergará la esperada final de mayo contra el Barça y claro está, ese reencuentro con el United en competición europea 55 años después. Pero sin descuidar todos esos frentes resulta obvio que a este Athletic insuperablemente competitivo le va toda clase de retos, no renuncia a ninguno.
La Real no regresa a casa victoriosa desde junio de 2.001, y el Athletic quiere prolongar la racha. De esta manera la actual diferencia se agrandaría clasificatoriamente hasta los siete puntos. Serían unos cuantos puestos también de distancia, en vista de la manifiesta igualdad existente. En caso contrario, la ventaja se vería reducida a la mínima expresión, y con ello la opción de ser uno de los cuatro primeros se complicaría.
No deja de ser curioso. Que todo el mundo se haya deshecho en halagos hacia unos, que los otros hayan sido incluso el farolillo rojo de la tabla no teniendo muy buena pinta, y que ahora se esté en esta tesitura. Claro, Montanier y sus chicos querrán vendetta de aquel 1-2 que supuso el punto de partida del proyecto Bielsa. Basta recordar las recientes palabras de un discípulo suyo de antaño, el meta chileno Claudio Bravo, algo así como “duele ver cómo otros llegan lejos, a finales y en Europa, sin ser más que nosotros”.
Bueno, pues para volver a marcar diferencias les llega esta oportunidad a los leones, que tienen la obligación de no despistarse ante la enésima prueba del algodón en un derby. Esa que, con un adversario enfrente que lo pondrá todo para darle a su parroquia la “gran alegría” del presente curso, determina periódicamente la hegemonía del fútbol vasco. Naturalmente, con permiso del meritorio Osasuna… que la semana próxima llegará. 
 
 
 
 

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