Un Athletic que genera dudas en Champions y un Areso que aún no me encaja

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Aspaldiko partez. Regresaba a San Mamés. Un Athletic Club vs Rayo Vallecano. Como si el partido ya se hubiera jugado. Como si la suerte hubiera sido echada. El destino no se puede cambiar. Iñigo Pérez, sin embargo, tenía que ser fiel a su palabra. Y que tantos recuerdos como los de la época del 'Loco' Marcelo Bielsa volvieran a pasar por su corazón. "Estos son mis principios".
Ya de inicio. Para qué esperar. No vaya a ser que el Athletic golpee primero y nos deje derrengados en el verde. Presión alta. Muy alta. Tanto que, tomando en cuenta mi localidad, si se salieran del campo, me avasallarían. Y es que, a la hora de la moneda al aire, Iñigo Pérez le había ordenado a su capitán que, en caso de acertar en el sorteo, escogiera el campo desde el que empezar atacando. Se trataba de evitar que el Athletic terminara asediando la portería de la 'Grada de animación'.

Iñigo Pérez. Venía a San Mamés a cumplir lo prometido.
Podría haberle salido bien, del mismo modo que, su tiro, por la culata. Presión alta, muy alta. De tal modo que, subida al balcón del área, era la vanguardia del Rayo la que miraba de cerca a Unai Simón, mientras la zaga del Athletic observaba a Batalla, allá, a lo lejos, perdido en la lejanía, dándole la espalda a la 'Herri Harmaila'.
Fueron veinte minutos frenéticos. El Athletic quería, pero no podía. A mi lado, un compañero. No hacían falta palabras. Aunque las dijo. Breves. Escuetas. Concisas. "Sí contra el Rayo tenemos esto, qué habrá de ser de nosotros cuando, llegado el momento de la Champions, nos visiten equipos de la talla del PSV de Eindhoven, Arsenal y Liverpool, ya lo vimos, así como tantos goles más nos podríamos haber traído".

Se acordó, también, del partido frente al Deportivo Alavés. Otra derrota más antes los ojos de Óscar de Marcos, sentado éste en su localidad. El 'Gudari' de la Popu que, por saberlo todo del Athletic, de los leones lo esperaba todo tras haber pasado la vida a su lado.
Como si estuviera debajo del ring donde se libraba la pelea. Veía a Jesús Areso, confirmándome su físico exagerado. La mala relación que tiene con la pelota. Un lateral que destaca cuando se lanza en carrera larga por los grandes espacios de su banda heredada de Óscar de Marcos. Vivian. Hiperactivo. Excitado. Saliendo de su zona hasta alcanzar el círculo central. Sin el 'teniente' al mando, la zaga, temerosa.

Dos medio centros sin presencia. Costados en desbandada. El mediapunta y la referencia más adelantada. Demasiado lejos para distinguirlos.
Aguantó el tipo el Athletic…
Pasó el chaparrón del agua que no caía. Cuando reparé en Oihan Sancet, el balón de la segunda mitad ya estaba en movimiento. El ciervo, pasada la herida, del monte al verde, hambriento de un balón de bote exagerado. Daba igual. Importaba su presencia. Sus movimientos anárquicos que provocaran un juego caótico.
Oihan. Ciervo que baja a beber al río. Las aguas, revueltas. Ganancias, de quién. Del pescador de 'bakalaos'. Se muestra. Pican. El penalti se lo cobran desde las pantallas de una sala. Me da miedo mirar. Me fijo solo en él. A observar sus movimientos de inmediato al golpeo. Sale corriendo.
Como si viniera hacia mí. A ese córner donde lo esperaba. Y lo seguiré esperando. Así en la Liga, como en esta Champions League para la que mi compañero cree que este Athletic no está en condiciones de competir con una dignidad que nos procure orgullo.
• Por Kuitxi Pérez García, periodista y exfutbolista
A mí tampoco me encaja..... Y se ha pagado 12 millones.